Rafael Sorroche, artista de Villa Pueyrredón “fileteando” para todos

Rafael Sorroche, vecino de Villa Pueyrredón, desde hace años comparte la vida con su vocación: el arte del filete. Este artista, gentilmente nos abrió su casa-taller para relatarnos como llegaron los primeros pinceles a sus manos y mostrarnos algo tan típico, popular y nuestro.

Por María Fernanda Gómez
Allá por el 1900, cuando en Buenos Aires transitaban los carros

Competían en las callecitas porteñas con sus productos y precios. Cada carro portaba un distintivo personal: dibujos, iniciales y/o palabras que sus propietarios hacían pintar para lucir en sus superficies. Es así que el fondo gris (color exigido por el municipio en aquel entonces) o las descoloridas maderas en otros casos, fueron “los lienzos” elegidos para semejante exposición. Con el pasar del tiempo y el toque del pintor especializado (de origen italiano, muchos de ellos) se fueron conformando las clásicas pinceladas propias del filete.

Fileteado deriva de filete, cuyo significado en latín es “filum”. Hace referencia al filo como un hilo o línea fina para adornar dibujos o que funciona a modo de decoración. Teniendo en cuenta esta acepción, filetear implica “adornar con filetes”.

Filete porteño
Carro típico en puerto de Buenos Aires, 1907

La posición que ocupa el trazo, en su jerga recibe estas denominaciones: firulete, esquinero, moño, botón. Se combinan – a su vez – con cintas, con los colores patrios, hojas de acanto y volutas. Al observar la decoración de antiguas fachadas, barandas de balcones de hierro y molduras de material, es notable como, estos detalles forman parte de motivos de diseños del filete. Aparecen entonces estilizados dragones, flores, etc. Eso sí, con sus sombras proyectadas y los toques particulares “de autor”.

Filete Porteño
Detalles de diseño en hierro en una puerta y decoración de fachadas, coincidiendo con motivos del filete

Nada quedaba al azar. Los trazos lucían curvas y contra-curvas, muy estilizadas. Fueron con los años sumándose refranes o frases con figuras del sentir popular (solicitadas por el cliente). Siguen hasta nuestros días, en general, ubicadas dentro de un espacio central rodeadas por una decoración “barroca” y simétrica.

En las carrocerías más variadas son un clásico: la imagen de la Virgen de Luján, la cara de algún caballo ganador, Maradona, Gardel, Olmedo, acompañadas de frases, muchas de ellas con un picante doble sentido: “Feliz Adán que no tuvo suegra”, “De ranas como vos tengo la sartén llena”…

Del carro al transporte con motor

Camiones y colectivos, siempre con colores vivos. Todo esto era muy común de ver en las calles porteñas. Hoy se aprecian en cartelería, diseños de menús, lámparas, tatuajes, distintivos de murgas, muebles y hasta en los mates de madera.

El transitar del filete dio un traspié cuando en 1975 se promulgó la ley Nº 1606/75 (actualmente derogada). Ésta, prohibía el fileteado de los colectivos en la ciudad. De este modo, como el Ave Fénix, los pintores-artistas transitaron por nuevos rumbos.

Con ADN de pincel y color

Rafael hace 35 años que vive en Villa Pueyrredón. Su infancia transcurrió en Olivos y Villa Ortúzar, lugares que trajeron a su memoria los primeros recuerdos relacionados con el tema. Uno de ellos, fue en una mudanza en los ´60. Descubre ante su asombro, un maletín de madera de su papá. Al abrirlo había pomos de plomo que aún contenían – en buen estado – los óleos de colores que alguna vez había usado Don Sorroche.

Filete porteño
Rafael en su ámbito de trabajo y antiguo maletín de pintura de su padre

Las vacaciones de su niñez transcurrían en la casa de los abuelos maternos (ciudad de Buenos Aires). Su abuelo le enseñó todo lo que encierra el concepto de “laburo” y vivenció una breve experiencia en una imprenta, en contacto con sus tipos (piezas metálicas).

Otro recuerdo grato era, ante el pedido de su madre, salir al encuentro del lechero. Aparecía ante sus ojos en un carro “fileteado” con los famosos tachos que contenían leche fresca. Los años lo llevaron a trabajar en un banco siete años al pie de un escritorio. En su tiempo de almuerzo, dibujaba. Una compañera de trabajo le aconsejó, “dada su maestría” estudiar una carrera afín.

Se inscribió en la Escuela Superior de Educación Artística Manuel Belgrano. En la promoción anterior, cursaba quien es hoy el destacado artista del filete: Jorge Muscia. Luego cursó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.

El destino y las circunstancias lo fueron acercando a la técnica del filete dado que, en las escuelas de Bellas Artes – curiosamente – no se la incluye como materia curricular. Aprendió e incorporó el arte de pintar letras a mano (letrista). Evocó nombres de grandes maestros referentes: Carlos Carboni (1901-1989) y Luis Zorz (1932-2020).

En el 2001, Rafael acordó con el dueño de un puesto del Mercado San Telmo para que sus trabajos fueran vendidos en uno de ellos. En este lugar emblemático expuso y vendió sus obras.

Tomó contacto con turistas extranjeros. Llegaron de esta forma los pedidos for export. Piazzolla con su bandoneón, pintado en el centro de una tabla, de un metro por un metro. Del mismo modo la figura de Aníbal Troilo, la cual partió para una tanguería en Hamburgo. Las tablitas (aproximadamente de 15 por 30 centímetros) que se adquieren con frases “Bienvenido, pero con chismes”, “Quereme así piantao, piantao…”.

Una joven música de origen paraguayo le solicitó pintar su violoncelo, otro cliente una guitarra eléctrica, sin imaginarse que el 1º de diciembre de 2015 el fileteado iba a ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Luego, estuvo los domingos en otro un puesto de Alsina y Defensa.

Filete porteño
Tres pedidos realizados: Piazzolla y violoncelo

No podemos por cuestiones de espacio publicar todos los trabajos de Rafael a lo largo de su vida hasta el presente. Por esto para aquellos curiosos o que deseen decorar su negocio, él cuenta con Instagram @sorocherafael y para consultas tiene un correo electrónico: sorroche_filetes@hotmail.com

¿Sabías que?
  • Las siguientes marcas incorporaron como imagen publicitaria el filete: Restaurante Plaza Mayor, Bar el Federal, Villa del Sur, Coca Cola Argentina, Aeropuertos Argentina 2000 y tapas de libros como “El libro del fantasma” de Alejandro Dolina.
  • El 14 de septiembre, se celebra el día del fileteado porteño, en conmemoración a la primera exposición de filete porteño que se realizó en Buenos Aires en la Galería Wildenstein en 1970.
  • En la Feria de San Telmo, todos los domingos se exponen trabajos en los puestos de la calle. A pocas cuadras, está la “Asociación de fileteadores”. Cuenta con exhibición, venta, y dictado de clases por artistas, etc. Entre sus alumnos y socios se encuentra un interesante porcentaje de mujeres.

Destacamos un agradecimiento especial a la señora Margarita Picón de Briozzo, vecina de Villa Pueyrredón, quien nos contactó con Rafael Sorroche.

¿A propósito, hay algún negocio del barrio o espacio que incluya este arte en sus vidrieras y carteles? Aguardamos a continuación los comentarios.


María Fernanda Gómez. Tecnicatura en turismo, Universidad del Salvador. Guía de turismo, Instituto Superior Perito Moreno. Ciudad de Buenos Aires.

FUENTES:

 

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