Un comedor solidario y con memoria

En abril pasado, a poco tiempo de la implementación del distanciamiento obligatorio y en el marco del agravamiento de las condiciones económicas de los sectores más desprotegidos del vecindario, Paola Ávila, con la colaboración de su papá Víctor y Nicolás Barón, lanzó el comedor Negrito Shuarce La Paternal.

(Tras Cartón) Ubicado en Pasaje Granada 1648, una de las entradas de la Galería Libertador, donde Víctor dispone de algunos locales para acopiar mercadería y llevar adelante la tarea culinaria, las personas necesitadas pueden, con el protocolo que exige la situación sanitaria, acercarse a retirar una vianda los martes y viernes de 16 a 20.

“Al principio, como somos muy nuevitos acá en el barrio, preparábamos las viandas e íbamos a entregar a Chacarita, en las proximidades de Guzmán y Federico Lacroze, donde se ven hasta chicos descalzos, o a la parte de la Isla, de los alrededores de la estación de La Paternal. A medida que nos fueron conociendo, de que se iban enterando de que habíamos puesto el comedor, ya venían directamente acá a buscar la vianda con un táper. Y es lo que estamos haciendo hoy por hoy: entregándoles más o menos a veces hasta a ochenta personas”, señala Paola.

La tarea solidaria también incluye redistribuir calzado, frazadas, ropas, alimentos no perecederos que reciben a través de donaciones. “Hemos recibido donaciones de sesenta cajas con mercadería y las entregamos en La Chavi [el PH superpoblado de San Blas entre Andrés Lamas y Terrero] y a la gente de acá de La Olla [Fragata Sarmiento y Avenida San Martín]”, continúa informándonos Paola. Y subraya: “Todo lo hacemos a través de donaciones del barrio, de amigos, de boca en boca se va haciendo como una cadena para poder seguir adelante con esto. Y también de nuestros bolsillos”.

Víctor recalca palabras de agradecimiento para Norberto Zanzi, presidente de la Biblioteca Popular Juan M. Becciú, institución que se encuentra en la misma cuadra que el comedor: “Gracias a su gestión recibimos las donaciones de cajas para alimentos que estamos distribuyendo”.

Y tanto él como Paola sueñan con refaccionar uno de los locales de los que disponen para que funcione como comedor merendero “para los chicos y la gente que realmente lo necesite”.

Por último, nos quedaba una incógnita: el nombre del comedor. “Lo pusimos en honor a mi hermano, él falleció ya hace once años y en su momento también hacía lo que es ayuda solidaria. Y bueno, se me dio la oportunidad y pensé en él, porque me dije ‘es como una guía, como un ángel’. Y shuarce en árabe es negro, y por ende a él le decían ‘el Negro’”, cuenta Paola.

Después de referirnos que el deceso del hermano de tan solo 23 años ocurrió por “un accidente de moto en Termas de Río Hondo”, Paola añade: “Siento que él estuvo desde un principio, porque llega un punto en que las cosas no las esperás y que se te dan. Y yo dije es él, así que esto va en honor a él. Y siento que nos acompaña día a día, siempre que estamos en la olla hay algo lindo que surge y yo creo que es él. Desde ahí donde está nos guía con su magia y su luz. Por él seguimos adelante”.

 

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