Entrenarán perros para detectar el COVID-19

Sur CapitalinoLa Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, que tiene su sede en la avenida Chorroarín 280, del barrio de Agronomía, se halla abocada al desarrollo de un nuevo proyecto multidisciplinario, dirigido al entrenamiento de perros para detectar casos positivos de COVID-19.

(Trás Cartón) Así lo informó esa casa de altos estudios, que citó como antecedente el proyecto Nosais, de la prestigiosa Escuela de Medicina Veterinaria de Maison-Alfort, Francia, liderado por el investigador y docente Dominique Grandjean, y en el que participan perros de la raza pastor belga Malinois.

Según declaró ese especialista, el sudor de los pacientes COVID positivos tiene un olor específico que los perros adecuadamente entrenados son capaces de percibir en el 95% de los casos.

“Nuestro objetivo es incorporarnos al proyecto, adaptándolo a las necesidades locales y sumando evidencia científica acerca de la capacidad de los perros para detectar personas afectadas por COVID-19”, acotaron desde la Facultad porteña, donde hicieron saber asimismo que el programa a su cargo está en etapa de diseño y planificación y muy próximo al comienzo de las prácticas con los perros.

La coordinación y el desarrollo del programa corren por cuenta, respectivamente, de la Secretaría de Extensión y la Dirección de la Especialización en Bienestar Animal de la Facultad, y de un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de distintas áreas. En cuanto al entrenamiento de los animales, será confiado a especialistas de la Escuela de Adiestramiento de la Facultad, dependiente de la Secretaría de Extensión.

Integran el equipo Paula Carancci y Florencia de los Santos, por la Secretaría de Extensión; Guadalupe Álvarez, por la Carrera de Especialización en Bienestar Animal, y Daniel Pazos, Ariel Zapata, Nora Chiesa y Héctor Lorenzo, por la Escuela de Adiestramiento Canino.

Otros antecedentes

Además del programa dirigido por Grandjean, estudios similares se han llevado a cabo en otras instituciones académicas, como la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres, y la Universidad de Durham, en Inglaterra. Se trata de un programa a cuyo financiamiento el gobierno de ese país destinó 500.000 libras, que cuenta con la colaboración de la ONG Medical Dog Detection, y para el que fueron seleccionados ejemplares de las razas Labrador Retriever y Cocker Spaniel. En opinión del profesor James Logan, de la Universidad de Londres, estaríamos ante “una nueva herramienta diagnóstica que podría revolucionar la respuesta al COVID-19”.

Perros Labrador Retriever participaron también en el programa desarrollado por la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, y dirigido por Cynthia Otto; asimismo, se realizaron experiencias de este tipo en la Universidad de Helsinki, Finlandia; en el Centro Alemán de Asistencia con Perros TARSQ, y en otras instituciones, donde además de las razas mencionadas se emplearon pastores alemanes y ejemplares Border Collie.

A grandes rasgos, todos esos estudios se basan en el hecho de que, mientras los humanos tienen cinco millones de receptores de olor, los perros cuentan con 300 millones de receptores olfativos en sus hocicos. “Un humano podría detectar una cucharadita de azúcar en una taza de té, pero un perro podría detectarla en dos piletas de natación olímpicas juntas”, graficó Logan.

Desde hace miles de años, el hombre ha usado el extraordinario olfato canino para la caza de animales y personas; actualmente, como lo precisa la Facultad local, esa gran capacidad olfativa es empleada para detectar sustancias como estupefacientes, explosivos, divisas y alimentos en las barreras sanitarias, además de la búsqueda de personas con vida en desastres naturales y estructuras colapsadas, restos humanos en identificación forense o criminalística, etcétera.

Asimismo, en los últimos tiempos se ha avanzado en el entrenamiento de perros en la detección de enfermedades a partir del reconocimiento de sustancias que libera el cuerpo humano cuando se enferma y son susceptibles de reconocimiento canino. Es así como hoy llegamos a contar con ejemplares que pueden detectar episodios de hipoglucemia y de tuberculosis, diferentes formas de cáncer (pulmón, mama, próstata, colon y melanoma), enfermedad de Parkinson, malaria, infecciones urinarias, ataques epilépticos, pérdida de conciencia, estrés y pánico.

El programa local

Actualmente, el programa de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA se encuentra en etapa de diseño y planificación, muy próxima al comienzo de las prácticas con los perros. De acuerdo con la información suministrada, se procede en esta etapa a la coordinación de la provisión de las muestras, lo que incluye garantizar las normas de bioseguridad en la obtención y traslado de aquellas hasta las instalaciones en que se trabajará con los perros. Allí se las almacenará en condiciones adecuadas de temperatura y humedad hasta el momento de iniciarse los ensayos, ocasión en que serán colocadas en dispositivos especialmente acondicionados para que los animales puedan identificar los compuestos orgánicos volátiles de cada una de ellas.

Por otra parte, el protocolo de manejo de las muestras y de las medidas de seguridad dentro del predio, tanto para el personal como para los animales, que estará a cargo del Comité de Bioseguridad de la Facultad, prevé acciones para garantizar que durante el entrenamiento no existan riesgos de exposición al agente viral. En cuanto a la toma de las muestras, será realizada, bajo un riguroso proceso, por personal de salud que las depositará sobre gasa estéril en envases herméticos. Y si bien provendrán de pacientes que cursan la enfermedad, serán muestras de sudor, donde no hay presencia del agente viral.

Los especialistas de la Facultad explican que el adiestramiento en la detección de olores se realiza a partir de un aprendizaje asociativo, mediante el cual se le enseña al perro a reconocer un olor que le dará acceso a un juguete o alimento de su agrado. Así, cuando encuentre el lugar con la muestra positiva, el animal lo indicará con una conducta específica, como sentándose y dirigiendo la mirada hacia ese dispositivo, y recibirá la recompensa por esa marcación.

Luego deberá aprender a discriminar entre muestras de pacientes positivos y negativos, marcando los primeros e ignorando a los segundos. El proceso de entrenamiento requiere entre seis y ocho semanas.

En opinión de los especialistas, este método aportará un testeo de bajo costo y de resultado inmediato, y permitirá asignar más eficientemente los test de laboratorio a los casos que hubieran resultado positivos para los perros, quedando por demostrar si estos serán capaces de detectar muestras de pacientes asintomáticos positivos.