Parque Chas, mujeres, calles y significados

Generó polémica en las redes sociales la nota sobre el proyecto para cambiar en Parque Chas la denominación de la calle Gándara por el de Esther Ballestrino de Careaga. Los nombres de las calles no se eligen desde la neutralidad, todo lo contrario, marcan un designio de las épocas y los significados que quieren destacarse. La discriminación de las mujeres en las calles de la Ciudad es por demás evidente.

Por Ignacio Di Toma Mues

Permítame estimado lector, lectora, que haga una introducción histórica, para luego pasar a relatar quién era Gándara, detenerme unos párrafos en la estafa del empréstito de la Casa Baring, cuyos gestores tienen sus nombres hoy en la nomenclatura porteña, y cerrar con Esther Ballestrino de Careaga. El orden, como comprenderá, está pensado en la “no neutralidad” de este cronista.

Quintana un galerita inglés que llegó a presidente

El nombre Gándara es impuesto por Ordenanza del 28 de octubre de 1904, a sólo dos semanas de haber asumido la Presidencia de la República Manuel Quintana (una calle lleva su nombre) y en la Vicepresidencia José Figueroa Alcorta (una avenida lleva su nombre). Quintana había sido abogado del Banco de Londres en el conflicto con la provincia de Santa Fe en 1874 y ese mismo año candidato a presidente, elección que ganó Avellaneda.

El Gobernador santafesino Servando Bayo le había sacado la personería al banco “por haberse convertido en una institución ruinosa para el público y para el crédito interior y exterior de la provincia”. La cañonera británica Beacon ancló frente a Rosario. Y Quintana amenazó al entonces canciller Bernardo de Irigoyen con una agresión militar en defensa de los intereses financieros británicos.

Al morir Quintana, en 1906, lo sucede Figueroa Alcorta hasta octubre de 1910. Argentina festeja su primer centenario con estado de sitio. Un país con un poco más de 6 millones de habitantes, 29 millones de vacas y 67 millones de ovejas; y casi 140 mil personas hacinadas en los conventillos de la ciudad de Buenos Aires.

La montada de Ramón Falcón

El 1° de Mayo de 1909, durante un acto de la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) en la Plaza Lorea, el Coronel Ramón Falcón, Jefe de la Policía de la Capital, ataca a caballo y a tiros de mauser a la multitud, matando a 11 manifestantes y dejando un saldo de alrededor de 80 heridos. La represión se extiende durante una semana (la llamada semana roja)

Anteriormente, en octubre de 1907, se produce una huelga de inquilinos en los conventillos, que se niegan a pagar los alquileres. Falcón encabeza la represión y los desalojos, con un joven de 15 años muerto. En noviembre de 1910 es asesinado por el joven anarquista Simón Radovitzky. Hoy una de las calles de la ciudad rememora al jefe de la policía capitalina.

Gándara, un hacendado bonaerense

Leonardo Domingo de la Gándara y Soto (1785-1856), combatió como oficial de los “Húsares” en las invasiones inglesas y participó de la Revolución de Mayo. Fue nombrado por Bernardino Rivadavia vicepresidente del Crédito Público.

En 1839 fue parte del levantamiento de hacendados bonaerenses contra Juan Manuel de Rosas, que se la conoce como la “Revolución del Sur”. Eran apoyados por el General Juan Lavalle, que a su vez era financiado por la Francia del Rey Luis Felipe, en momentos que buques de la flota de guerra francesa bloqueaban la entrada al Río de la Plata.

Los  hacendados eran “enfiteutas”, sus tierras eran públicas, entregadas por el estado en concesión. Por un decreto de 1822 se establecía la “enfiteusis” que prohibía vender las tierras públicas de Buenos Aires, las que servían para garantizar empréstitos, como el de la Baring Brothers que terminó de pagarse en 1904 (detallaremos este tema unos párrafos más adelante). Rivadavía extendió la “enfiteusis” a toda la nación con una ley sancionada en 1826.

No obstante haberse creado el Departamento Topográfico y Estadístico que llevaría el Gran Libro de la Propiedad Pública en reemplazo de la comisión de tierras provincial, no se encontró tiempo para tasar las concesiones y menos cobrarlas” señala el historiador José María Rosa.

El Gobernador Rosas había duplicado el precio de la enfiteusis y exigía su pago, y además ordenó que pagasen contribución territorial. El levantamiento fue bajo el lema de “la libertad contra la tiranía”, pero lo subyacente era “la economía”. No voy a repetir la frase que se le atribuyó a un colaborador del ex presidente de los EEUU, Bill Clinton.

Respecto a Gándara, ante el fracaso del levantamiento, se marchó al exilio en Montevideo. Sus bienes fueron confiscados. Regresó en 1844 y se dedicó a tareas rurales. Luego de la batalla de Caseros y la caída de Rosas, fue nombrado juez de paz de Chascomús. Falleció en 1856.

Empréstito con la Casa Baring

Buenos Aires contrató su primer empréstito con la Baring Brothers por un millón de libras esterlinas en 1824 y en 1825 se firmó “El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre Inglaterra y las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Este empréstito se terminó de saldar en 1904. La necesidad, dijeron, era la obra pública: construcción de un muelle, proveer de agua corriente a Buenos Aires y promover poblaciones ribereñas y fronterizas. Nada de esto se concretó, y del millón de libras, bien gracias.

La Casa Baring se había cobrado dos años de intereses por adelantado, un total de 120.000 libras, y 30.000 más de comisiones. Mientras que 120.000 fueron para el consorcio negociador formado por Juan Parish Robertson y Felix Castro. Como la colocación fue al 85%, sobre el millón de libras esterlinas se descontaron otras 150.000.

Del millón de libras esterlinas que debían llegar en metálico (oro) ingresaron sólo 560.000 en papel y 20.000 en oro. Sin embargo el historiador Norberto Galasso señala: “parece no haber sido así, porque los investigadores no encontraron la recepción de esa suma en Buenos Aires. Según Scalabrini Ortiz y otros, en los registros del Banco Provincia de Buenos Aires aparecen sólo 20.678 libras cambiadas por metálico, y 140.000 libras recibidas en octubre de 1824”.

Las libras esterlinas restante nunca habrían llegado a nuestras tierras al ser depositadas en Londres como parte de las ganancias que obtuvieron los comerciantes ingleses entre 1809 y 1824. En esos años no había libras para ser giradas a la city inglesa.

Galasso da cuenta que el periódico londinense Morning Herald, el 3 de noviembre de 1852 sostuvo: “Ningún gobierno ha estado nunca más legítimamente autorizado a repudiar un empréstito contratado bajo tales circunstancias que el de Buenos Aires y este gobierno muestra, con el reconocimiento al empréstito, una leal adhesión a un negocio corrompido, en primer lugar, y a un licencioso desembolso, en segundo lugar”.

Este ruinoso empréstito lo gestionaron el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires, Bernardino Rivadavía, y el Ministro de Gobierno y Hacienda, Manuel José García. Una de las avenidas principales de la Ciudad lleva el nombre del primero y una calle en Parque Patricios del segundo. Y, como mencionamos en esta nota, Gángara había sido nombrado por Rivadavia vicepresidente del Crédito Público.

Esther, mártir de la lucha contra la dictadura

Hoy se propone que la calle Gándara sea denominada Esther Ballestrino de Careaga, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, que con coraje enfrentaron a la más sangrienta dictadura en Argentina.

Su voz de denuncia se escuchó en todo el mundo y los pañuelos blancos son un símbolo de lucha por los derechos humanos reconocido internacionalmente. La palabra “Desaparecido” no necesita traducción.

Esther fue secuestrada el 8 de diciembre de 1977, llevada a la ESMA, torturada y luego arrojada al mar en los “vuelos de la muerte”, junto con dos de sus compañeras de lucha: María Eugenia Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de Vicenti, primera presidenta de las Madres de Plaza de Mayo.

Esta acción ideada por el Almirante Massera, y ejecutada por un grupo de tareas en el que estaba Astiz (infiltrado entre los familiares de desaparecidos), tuvo la intensión de generar terror en estas mujeres que buscaban a sus hijos e hijas desaparecidas, y sólo logró multiplicar su coraje. Una dictadura que en 7 años llevó la deuda externa de 7 mil millones de dólares a 45 mil millones.

Sus cuerpos fueron arrastrados, al igual que los de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, hasta las playas ubicadas entre las localidades de Santa Teresita y Mar del Tuyú a fines de diciembre de 1977. El Equipo Argentino de Antropología Forense permitió identificarlas en 2005.

En 1995 la Sociologa Leticia Maronese – autora del libro “Mujeres y calles. Nomenclatura Porteña” – denunciaba la discriminación de las mujeres en las calles de la Ciudad. El Consejo Deliberante capitalino, ese mismo año, sanciona la ordenanza que denomina con nombres de mujeres argentinas a las calles del naciente Puerto Madero.

El tramo de la Av. Belgrano, que ingresa a Puerto Madero, barrio oficialmente inaugurado en 1996, pasa a denominarse Azucena Villaflor de Vicenti. Parque Chas no tiene calles con nombres de mujeres. Nada mejor que comenzar por Esther Ballestrino de Careaga, en su memoria y por su historia.

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