Una pausa sin apuro en “Las Mil Casitas de Liniers”

Este conjunto de centenarias viviendas de dos plantas, pasajes arbolados y atmósfera calma sugiere un relajado paseo en medio del intenso ritmo urbano que el tránsito y la actividad comercial confieren al extremo oeste de la Ciudad.

Por Cristian Sirouyan

Aunque aggiornado a los tiempos frenéticos que corren, casi todo está como empezó en el barrio Las Mil Casitas, un trazado de angostas manzanas rectangulares vinculadas por pasajes de aire tanguero, que quedó firmemente anclado en el corazón de Liniers desde la década del ’20 del siglo pasado.

Todo se fue multiplicando alrededor con la irrupción de un shopping, la Terminal de micros, el masivo vínculo de los fieles con el Santuario San Cayetano y el corredor comercial, una secuencia de tiendas de marcas y puestos informales que se acentúa en Suárez, Rivadavia y Ramón L. Falcón.

Sin embargo, a pasos de esas referencias transitadas a toda hora, Las Mil Casitas sigue atesorando su aire de tranquilidad a toda prueba, casi desentendido de ese concierto de bocinazos, motores que rugen y voces superpuestas. Por el contrario, surge como un rincón de largas sombras que sugiere una caminata para visitantes en procura de un saludable oasis que neutralice el impacto visual y sonoro.

Las Mil Casitas

Ese momento de relax puede vislumbrarse en la plaza Sarmiento -en Tuyutí al 6900- o bajo la arboleda de cualquiera de las calles de nombres con resonancias más bien bucólicas o que remiten a personajes legendarios: El Rastreador, Las Bases, El Hornero, Facundo, El Chacho, Vito Dumas, La Huerta, La Madreselva, el Trébol, El Carpintero, El Zorzal, El Cardenal forman parte de este trazado, concebido según un modelo aplicado en Países Bajos, con algún sutil toque italiano.

La respetable calidad de las viviendas y sus dimensiones (en lotes de 8,66 por 8,66 metros) fueron una plataforma para el progreso de los primeros habitantes, artistas, docentes, obreros y trabajadores especializados del Ferrocarril del Oeste. En 1904, la compañía inglesa que administraba el ramal del tren extendido desde Floresta hasta Ramos Mejía había sumado nuevos talleres ferroviarios en Villa Liniers a las instalaciones de Tolosa, en La Plata.

La vía férrea fue avanzando como un surco por las parcelas del horizonte de campo, donde apenas asomaban la pulpería de José León Suárez y Rivadavia, el Mercado de Frutas y Hortalizas y polvorientos esbozos de caminos rurales.

Las Mil Casitas empezó a edificarse en 1922 por el Gobierno porteño y la Compañía de Construcciones Modernas, bajo los lineamientos impuestos por la Comisión Nacional de Casas Baratas. El paso inicial fue completado con la inauguración de cuarenta casas sin lote, la parte fundacional del primitivo barrio Falcón. Poco después, el segundo conjunto de viviendas conformó el barrio Tellier, en referencia a la calle rebautizada Lisandro de la Torre.

Mucho tuvo que ver en la creación definitiva y la administración del nuevo barrio la gestión de la Asociación de Fomento Edilicio y Cultural Corporación Sarmiento, cuya sede actual -en Timoteo Gordillo 475- parece sostenerse con la energía impregnada hace casi un siglo por un inquieto puñado de militantes socialistas, anarquistas y comunistas.

Desde el momento mismo de su presentación en sociedad, las 1.760 propiedades de Las Mil Casitas, en 1928 -una nota discordante en el mapa urbano de la Capital, delimitada por Boquerón, Lisando de la Torre, Suárez y Falcón-, se transformaron en un lugar de inspiración y goce para reconocidos artistas.

Por aquí anduvieron escultores, los pintores Pérez Célis, Alfredo Corace, Tomás Ditaranto y Alfredo Plank y escritores de la talla de Elías Castelnuovo, figura central del Grupo de Boedo. Esos próceres del barrio se codeaban con vecinos menos renombrados en las veredas angostas, recubiertas por la penumbra y la brisa tibia de portentosos hibiscus y langestroemias.

El aire decididamente familiar que se respira en Las Mil Casitas adopta otro soplo de frescura en la plaza Sarmiento, donde las mesas de ajedrez reunen a jugadores sin distinción de edad. Allí también, a los pies del manto vegetal luce la escultura que homenajea al ex presidente de la Nación, legada al vecindario por el escultor italiano Vicente Roselli en 1938. Todo sigue en calma en el módico pulmón verde de Las Mil Casitas. Más allá de sus límites, Buenos Aires sigue en ebullición.

Imperdible

A tres cuadras y media hacia el sur de Las Mil Casitas, en Montiel 1045, entre Chávez y Tonelero, el Centro Cultural Elías Castelnuovo se erige como un digno homenaje al escritor más reconocido del barrio -de ideas socialistas, reconvertido en la década del ’40 en peronista de la primera hora-, que se había instalado en una vivienda de la calle El Rastreador en 1932 y era visitado seguido por su colega Roberto Arlt.

Centro Cultural Castelnuovo

El Centro Cultural concebido en su nombre es un espectáculo permanente, parte esencial del Programa Cultural en Barrios, donde se desarrollan talleres y cursos gratuitos para todas las edades (Artesanías en Papel Maché y Cartapesta, Artes Plásticas y Visuales, Folclore, Yoga, Plástica para Adultos, Tango, Pintura, Danzas, Dibujo, Zumba y Entrenamiento de la Memoria, entre otros).

Pura pasión expresan los participantes que se suman a cada propuesta y a veces afloran las emociones, en especial cuando llega la hora del taller para chicos “Artesanitos” y cada vez que se presenta en público el coro Voces del Castelnuovo.


Fuente Fotografias de “Las Mil Casitas de Liniers”:

https://liniersrepublic.blogspot.com/

https://viviendasocialypopular.blogspot.com/

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